Latitudes
Suena a todo volumen en la cocina. Yo solo, corto pescado. Reviso el punto del arroz. Canto a todo pulmón. Pobres vecinos. Toco la batería en la encimera. Me imagino el concierto. Soy el fan que escucha por enésima vez el disco de su banda favorita. Me lo sé de memoria.
El disco se llama Latitudes. Es el primer disco que saca Toque de Queda en treinta años. Mi banda. La de cuando era estudiante en la Ciudad de México.
Toque de Queda fue, a mediados de los noventa, la mejor banda de rock de la Ciudad de México que nunca salió del cascarón. Siempre lo he dicho. Sin miedo a columpiarme. Grandes canciones, un directo brutal (bulldogs, diablas rockstocks...), una base de fans construida con puro boca en boca. Sin Mp3, sin YouTube, sin Spotify, sin nada. Nos separamos cuando llegamos a la bifurcación entre la música y nuestras carreras universitarias. Estudios, uno, banda, cero. Fin del partido.
Treinta años después, cuatro de los cinco integrantes originales se pusieron a grabar. Desde Abu Dhabi, Boulder, Los Cabos y San Felipe, en Baja California. Sin un solo ensayo presencial. Sin estudio. Solo un grupo de WhatsApp y un Drive.
Yo vivo en Bruselas.
Yo no grabé.
Estuve meses en ese grupo de WhatsApp viendo cómo cocinaban las canciones. Un día llegaba un audio de David, en su noche en Abu Dhabi: Esta es El Secreto con la bataca ajustada. Grabé ideas de guitarras y bajo. Rodrigo, el bajo me gustaría que le dieras tu sazón, sin ir al unísono con las guitarras. ¿Cómo ves? No una orden. Una invitación. Rodrigo responde en segundos, desde su mañana en Colorado: Oída! Tiene un vibe súper fuerte y chingón, le doy una vuelta. Y así, track a track, canción a canción.
Yo intenté sumarme. Varias veces conecté los trastos en un rincón improvisado, desempolvé canciones, busqué el hueco. Cada vez que encajaba dos horas para grabar, la canción ya estaba en mezcla. Pero este no era el problema real.
El problema era que cuando conectaba mi guitarra, solo, en mi casa, no lo pasaba bien. No encontraba ese gozo, que bien dice LUISA REYES RETANA que es esencial para hacer cualquier cosa. Nada de lo que siento cuando estoy en un escenario, la droga más dura que he probado, no aparecía. No sirvo para músico de sesión. Necesito el escenario, el volumen, la respuesta de la gente.
Al final les escribí. Decía, entre otras cosas: Me encanta formar parte de este grupo, y aunque soy consciente de que no he aportado nada para la grabación, me gustaría participar en el proceso en la forma que sea posible. No pretendo tener crédito como músico en el disco.
Lo releo ahora y reconozco algo en ese tono. Que ofrece lo que puede porque no puede ofrecer lo que querría.
El disco ya está. Suena macizo. Dave se encargó de que así fuera.
Me siento orgulloso de algo en lo que apenas participé. Del proceso, de los audios de WhatsApp a deshoras, del feedback brutal y cariñoso, de unos amigos que seguían animándome a grabar lo que fuera. Les daba igual. Querían que jugara a lo que ellos estaban jugando. Eso los honra. Los quiero.
No me subí. El tren salió igual. Ahora soy el pesado de la primera fila que se sabe todas las letras de memoria, que presume el backstage pass y que en cada rola piensa: esta me la sé, a ver si me invitan a subir.
Hay una historia que contar sobre esta banda. La voy a contar.
LATITUDES de Toque de Queda ya está en todas las plataformas.





super!